En LEM trabajamos con roble macizo — un material honesto, duradero, hecho para durar décadas. Pero también nos interesa qué ocurre con la madera después de su vida como mueble: recortes, serrín, residuos de producción.
Una de las direcciones que venimos siguiendo es la de los compuestos de micelio. La tecnología es sencilla en principio: se mezcla madera triturada con esporas de hongo (lo más habitual, la seta ostra). A lo largo de una o dos semanas, el micelio — la red de raíces del hongo — crece entre las partículas de madera, uniéndolas con hilos finísimos y convirtiendo un material suelto en una masa sólida. Después se seca a alta temperatura, deteniendo el crecimiento del hongo y fijando la estructura.
Lo que resulta es un material ligero, resistente a la compresión y totalmente biodegradable — sin ninguna resina sintética de por medio.
Todavía no es un sustituto de la madera maciza: el compuesto de micelio tiene menor resistencia a la flexión y no sirve para elementos estructurales como patas de mesa o armazones de silla. Pero como forma de reaprovechar los residuos de producción y convertirlos en materiales secundarios — paneles, rellenos, elementos decorativos — la dirección resulta prometedora.
Para nosotros no se trata de cambiar de material. Se trata de dar una segunda vida incluso al serrín de nuestro taller.