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Historias del taller

Cómo elegir una mesa: el aspecto es solo el principio

Cuando elegimos algo, lo primero en lo que nos fijamos es el aspecto. Y sí, el diseño importa. A unos les gusta la calma y lo clásico; a otros, el minimalismo y lo contemporáneo. Y hay muchos que desafían las convenciones y que, incluso en un terreno como el mobiliario, eligen piezas llamativas, a veces francamente absurdas.

El gusto lo forma todo lo que forma a una persona: la genética, la educación, las tradiciones, la cultura, los estudios, la gente que nos rodea. Hay sociedades que, pese a contar con tradiciones artísticas y arquitectónicas poderosas, no tienden a rodearse de objetos refinados: les basta una vida ascética, «de IKEA». Y hay culturas más domésticas, donde a la gente le gusta hacer de su casa el lugar más cómodo y con más estilo que su propia idea del confort exija. Alguien cambiará de muebles cada año; para otro, tener que acostumbrarse a un interior nuevo más de una vez en la vida es una pequeña tragedia. Por eso el diseño de mobiliario es tan variado — y por eso, antes de escribir «mesa de cocina» en un buscador, conviene hurgar un poco en uno mismo, hablar con la familia, hablar con quien diseñe el espacio y averiguar qué es lo que a uno de verdad le gusta.

El MDF chapado, los tableros laminados, los compuestos y las encimeras de vidrio ocupan con razón su lugar en el mercado, y la estabilidad de un material —lo predecible que resulta con los años— merece pesar mucho en la decisión. Pero si se decide por la madera maciza, hágalo con conocimiento: con sus movimientos estacionales y con esa insistencia callada en seguir viva años después de que el árbol dejara de crecer. A cambio, la textura y la calidez que sentirá durante años no se comparan con el frío de una encimera de vidrio.

Más allá del aspecto, un mueble tiene muchas propiedades poco evidentes. De algunas ya he escrito en Por qué la madera maciza se encoge — y por qué no es un defecto. De otras escribiré.

¿Se puede reparar?

La reparabilidad es ese criterio en el que casi nadie piensa al comprar un mueble, y yo lo considero una de sus características principales. Imagine: compra una mesa de cocina por varios miles de euros y, durante la comida del domingo, alguien apoya en ella una cazuela caliente de fondue. O se queda una copa de vino toda la noche. O cae encima algo pesado. O simplemente vive ahí una maceta. ¿Cómo se comporta la pieza? Quizá la mesa esté en un sitio donde le da el sol directo todo el día, o donde la humedad y la temperatura cambian bruscamente. Quizá la casa esté llena de niños estupendos que exploran el mundo con unas tijeras en la mano.

Y a veces, después de comprar, llega la sensación de que aquello no es lo suyo. ¿Y entonces? ¿Tirarlo? Vender una mesa de segunda mano solo sale a cuenta si puede pasar por antigüedad. Por eso algunos fabricantes, seguros de lo que hacen, ofrecen recomprar sus piezas o repararlas en el taller.

Así que adelante: elija. Nosotros seguiremos informándole — y le esperamos con la elección correcta.

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